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Meditación del Salmo 139, versos 13 al 18

Meditación

Porque tú formaste mis entrañas;

Tú me hiciste en el vientre de mi madre.

Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras;

Estoy maravillado,

Y mi alma lo sabe muy bien.

No fue encubierto de ti mi cuerpo,

Bien que en oculto fui formado,

Y entretejido en lo más profundo de la tierra.

Mi embrión vieron tus ojos,

Y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas

Que fueron luego formadas,

Sin faltar una de ellas.

¡Cuán preciosos me son, oh Dios, tus pensamientos!

¡Cuán grande es la suma de ellos!

Si los enumero, se multiplican más que la arena;

Despierto, y aún estoy contigo.” (Salmo 139:13-18)

Sigamos meditando en este hermoso Salmo: “Dios es Omnipotente”

139:13–14 Así es, pues, la omnipresencia de Dios. David ahora cambia para considerar Su poder y Su destreza. Y la fase particular de omnipotencia divina que escoge es el desarrollo asombroso del bebé en el vientre de su madre. En un puntito de materia más pequeño que el punto al final de esta oración, todas las características futuras del niño están programadas: el color de su piel, sus ojos y su pelo, la forma de su rostro, la habilidad natural que tendrá. Todo lo que el niño será física y mentalmente se contiene en forma de semilla en aquella célula fertilizada. De ahí desarrollará lo siguiente:

“30 millones de células, 160.000 kilómetros de fibra nerviosa, 96.000 kilómetros de vena para llevar la sangre a todo el cuerpo, 250 huesos, sin hablar de coyunturas, ligamentos y músculos».

David describe la formación del feto con delicadeza exquisita y belleza. «Porque tú formaste mis entrañas; tú me hiciste en el vientre de mi madre». Sí, Dios formó nuestras entrañas, nuestros órganos internos; cada uno de ellos es una maravilla de ingeniería divina. Piensa en el cerebro, por ejemplo, su capacidad para grabar datos, sonidos, olores, vistas, toques, dolor; su habilidad de recordar; su poder para hacer cálculos; con su estilo aparentemente inagotable de tomar decisiones y solucionar problemas.

Dios nos ha entretejido en el vientre de nuestra madre. Esto describe hábilmente la forma maravillosa de tejer los músculos, los tendones, los ligamentos, los nervios, las venas y las arterias, y los huesos del cuerpo humano.

David irrumpe en alabanza al Señor. Considerando al hombre, la corona de la creación de Dios, sólo puede confesar: «formidables, maravillosas son tus obras; estoy maravillado…». Cuanto más pensemos en las maravillas del cuerpo humano, su orden, su complejidad, su hermosura, sus instintos y los factores heredados, más nos asombra que una persona que ha estudiado biología no crea en un Creador infinito.

139:15 Ahora el salmista retrocede a cuando su cuerpo estaba siendo formado en el vientre de su madre. Observemos aquí que emplea el pronombre personal: «mi», y habla del embrión en primera persona. La posición bíblica es que la personalidad humana existe antes del nacimiento y por lo tanto, el aborto provocado, excepto en casos de extrema necesidad médica, es un homicidio.

David reconoció que Dios le conocía por completo desde el principio. Su cuerpo, esto es, su esqueleto, no fue encubierto de Dios cuando David estaba siendo formado en oculto: «y entretejido en lo más profundo de la tierra». Esto no puede significar «debajo de la superficie de la tierra», porque nadie es formado ahí. En el contexto sólo puede significar «en el vientre de la madre». Una expresión similar se encuentra en Efesios 4:9, que habla de Cristo como habiendo descendido a las partes más bajas de la tierra. De nuevo, en el contexto se refiere a cómo Él entró en el mundo por medio del vientre de la virgen. Se trata de Su encarnación.

139:16 Cuando el salmista habla de su embrión, usa una palabra que significa algo enrollado o envuelto en otra cosa. Barnes y otros piensan que por esto la palabra embrión o feto es la traducción correcta: «donde todos los miembros del cuerpo están enrollados o envueltos como en un paquete, todavía sin desarrollar, esto es, antes de asumir sus formas y proporciones distintas». Incluso en la fase preliminar de su existencia, los ojos de Dios vieron al dulce cantor de Israel.

Y en el libro de Dios, todos los días de la vida de David estaban escritos por el Arquitecto divino, antes del momento histórico cuando David, llorando por primera vez, anunciara su llegada al mundo.

139:17–18a El salmista piensa en cómo Dios planificó cuidadosamente la creación de su espíritu, alma y cuerpo. «¡Cuán preciosos me son, oh Dios, tus pensamientos!», y Su atención hasta en los detalles más pequeños. Andrew Ivey dijo: «Cada célula casi sin excepción “conoce” su responsabilidad para llevar a cabo aquel diseño o propósito que es para el bien de todo el cuerpo».

139:18b «Despierto, y todavía estoy contigo». Me parece que aquí el salmista se refiere al momento de su nacimiento. En los versículos anteriores (13–18a) ha estado enfatizando lo cerca que Dios estaba de él durante los nueve meses antes de su nacimiento. Pero aun después de nacer la situación no cambia; todavía está con el Señor como su Sustentador, Protector y Guía. Habla de su nacimiento como un despertar, como nosotros a veces hablamos de: «ver por primera vez la luz» o «dar a luz».

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